El sueño terminó. Ni tan siquiera implantaron. La beta ya no pudo ser más negativa, las lágrimas y la tristeza parecen no tener fin.
Y ahora qué. Sé que tengo que levantarme, que tengo que volver a intentarlo, pero no tengo fuerzas. Mi sueño se escapa de las manos y mi pasividad aumenta por momentos. “No decaigáis” nos dijo la dra. Tur por teléfono el lunes, “tenéis 2 congelados”. Esas palabras de esperanza se convierten una y otra vez en fracaso en mi mente ¿sólo 2?, ¿por qué 2? ¿si teníamos 9?.
Sólo han sobrevivido 2 y yo desde que me acuesto hasta que me levanto sólo puedo pensar en el fracaso, en que estos 2 ni tan sólo implantarán.
“No hacen falta más pruebas” nos dicen, MENTIRA, porque si no implantan algo pasa. ¿Soy yo? ¿Es él? ¿Será el tabaco? ¿La alimentación? Le doy vueltas y vueltas y no llego a ninguna conclusión.
Estoy mal, pero ayer no lloré. Ahora me invade una tristeza absoluta que supongo que el tiempo irá curando.